politics
январь 8, 2026
El espejo de Maduro en el que se ven los Ortega-Murillo
Juan-Diego Barberena 6 de enero 2026

TL;DR
- Operation Absolute Resolution led by Donald Trump targeted Nicolás Maduro in Caracas.
- The operation has implications for dictatorships in Venezuela, Cuba, and Nicaragua.
- The international legal order has shifted towards a 'law of the strongest'.
- While the Venezuelan dictatorship is not dismantled, it is significantly weakened and vulnerable.
- Internal collaboration within Venezuela was crucial for the operation's success.
- The situation in Venezuela may represent a 'transitional dictatorship' controlled by the US.
- The Ortega-Murillo regime in Nicaragua has lost its main ally and crucial financial support from Venezuela.
- Nicaragua, Venezuela, and Cuba are described as repressive regimes with human rights violations.
- The fall of Maduro could create a domino effect, impacting Nicaragua and Cuba.
- The operation serves as a warning to other leaders, like the Ortega-Murillos, who refuse to leave power.
- The Ortega-Murillo family is experiencing internal debates about their survival amid the crisis.
- Their alliances with China and Russia are unlikely to offer protection, as Latin America is not their area of dominance.
- There is significant fear within the Murillo faction, evident in their cautious public statements.
- The survival of actors within the Nicaraguan regime depends on finding a way out, possibly with Rosario Murillo accepting the need to leave power.
- The opposition in Nicaragua needs to propose a clear, sensible, and coherent path forward.
La [“Operación Resolución Absoluta”](https://www.divergentes.com/alegria-por-la-caida-de-maduro-sin-ingenuidad-ante-trump/), que llevó adelante Donald Trump para capturar a Nicolás Maduro en la madrugada del tres de enero en Caracas, tiene varios efectos y virtudes que trascienden a la extracción del dictador venezolano y se irradian a lo interno de la dictadura y hacia sus homólogos de Cuba y de Nicaragua.
En una [Divergencia que publiqué el 30 de diciembre en este medio](https://www.divergentes.com/claves-para-2026-consolidacion-o-ruptura-del-proyecto-sucesorio-de-la-dictadura/), exponía que las interacciones políticas internacionales se iban a desarrollar en el marco del nuevo orden internacional en donde la repartición de las áreas de influencia hegemónica de los imperios iba a ser lo determinante. Lo que ha pasado en Venezuela da cuenta de ello. Demuestra que el derecho internacional fundado tras la segunda gran guerra dejó de existir, el corpus iuris internacional ya no tiene vigencia frente a la ley del más fuerte. De tal suerte que el debate actual no debe estar allí porque resulta inútil para poder explicar y dimensionar los movimientos venideros en nuestros países, pero en particular, en lo que a nosotros nos toca, lo que gravitará en Nicaragua.
En Venezuela, es cierto, no se ha desmontado la dictadura, se mantiene la cúpula del chavismo sin Maduro y su esposa, sin embargo, también es innegable que el régimen actual no es el mismo que se acostó a dormir el dos de enero. La vulnerabilidad es máxima. Su principal líder fue extraído en una exitosa intervención militar norteamericana que pone de relieve las erosiones y contradicciones internas del ejército bolivariano y un sector del círculo de poder chavista que colaboró con la acción. De otra forma hubiese sido imposible.
El entramado dictatorial se mantiene, pero podemos estar ante el principio de la transición o frente, lo que en palabras de O´Donnell, se define como una dictadura transicional –concepto que, por cierto, esgrime constantemente un buen amigo politólogo nicaragüense– es decir, se abre un proceso de transición hacia un régimen democrático desde el grupo autoritario en el poder, pero controlado e intervenido, en este caso, por los Estados Unidos, lo cual le imprime mayor complejidad y en consecuencia incertidumbre al asunto. ¿Qué rol jugarán los hermanos Rodríguez? ¿Padrino y Cabello saldrán del juego? ¿María Corina Machado y Edmundo González permanecerán excluidos en el esquema de Trump? ¿serán liberados los presos políticos? Las respuestas las iremos obteniendo conforme se vayan aclarando las brumas del panorama político.
Las repercusiones en el caso nicaragüense son muchas. Los Ortega-Murillo han perdido a su principal aliado en la región, que le dio a paja suelta cinco mil millones de dólares para uso discrecional. Sin la cooperación venezolana en los primeros cinco años de la dictadura Ortega-Murillo esta no hubiese podido consolidarse de la forma en la que lo hizo, y quizás tampoco hubiese podido implementar tan eficazmente el pacto plutocrático con el Gran Capital.
Junto con Cuba, Nicaragua y Venezuela han sido “la triada del mal” –en palabras del Secretario de Estado Marco Rubio– y los regímenes políticos más represivos y violadores de derechos humanos de América Latina: han secuestrado los poderes públicos, persiguen a la disidencia, perpetran crímenes de lesa humanidad y han obligado al exilio y desterrado a una parte importante de su población, sumado a que se han configurado sistemas cleptocráticos. En todos estos años su actuación ha sido siempre coordinada en el marco internacional y en temas de herramientas de espionaje y persecución.
Quizás sea por ello por lo que, en los pasillos de poder de los Estados Unidos, se hable del efecto dominó: cayendo Maduro y propiciando un cambio de régimen, tanto Nicaragua y Cuba – la joya de la corona – caen por su propio peso. Pero sí una virtud tiene la operación del sábado en Caracas es su carácter ejemplarizante, es decir, obligar a que los Ortega-Murillo se vean en el espejo de Maduro quien por no saber ni quererse ir terminó preso, no sabemos si por el resto de sus días, en una cárcel de Nueva York. Y en un contexto de crisis de la sucesión dinástica de la dictadura nicaragüense, no es poca cosa. En nuestra historia las caídas abruptas del poder se han dado por esas crisis en donde los gobernantes no se quieren ir, no solo Somoza es ejemplo, también lo son Zelaya, Roberto Sacasa y hasta Fruto Chamorro.
Esta crisis ha aflorado debates dentro de la familia Ortega-Murillo, es lo que genera una acción como la perpetrada. “¿Quiénes serán los siguientes?”. Es sin duda una pregunta de cajón que se están haciendo dentro de la dictadura, y cuya respuesta no puede ser positiva ante una realidad evidente: están en las manos de Trump y de la aplicación de la doctrina Don-roe, y ante ello no hay alianza eficaz ni con China ni con Rusia, precisamente porque forman parte del esquema de repartición de las áreas de dominación, y Latinoamérica no es la de ellos y por lo tanto no intervendrán para defenderlos como no lo hicieron con Maduro. El temor dentro del ala de Murillo es tan claro que se interpreta con una básica y simple lectura de los dos comunicados que sobre la situación han hecho públicos: no menciona a Estados Unidos y se limitan a “acompañar al gobierno de Venezuela”.
Si hay un escenario en donde entran a jugarse la sobrevivencia los actores del sistema es este. Pues los factores han comenzado a acumularse en detrimento del proyecto dinástico. Los integrantes de la familia (hijos, nietos, nueras), los mandos del ejército que aún tienen posibilidad de sobrevivir a la dictadura, los grupos económicos, tanto tradicionales como emergentes, tienen en sus manos la posibilidad de proponer una salida que conlleve, y Rosario Murillo de aceptar de que, más aún en estas circunstancias, no tiene posibilidad de reinar en la cúspide del poder, y debe salir del mismo para dar paso a una transición democrática, pacífica y electoral.
Por eso, el espejo que ha resultado de la “Operación Resolución Absoluta” es muy grande, pero también muy claro de lo que puede pasar. La pelota está en la cancha del régimen, pero en parte en la misma oposición. Debemos proponer una ruta clara, sensata, coherente, sin apasionamientos ideológicos que se coteje con las demandas populares y que tome en cuenta a la disidencia interna de la dictadura.