politics
декабрь 25, 2025
De Costa Rica a España: la Navidad nostálgica para los nicaragüenses atrapados en su segundo exilio
245 exiliados nicaragüenses llegaron a España en noviembre de 2025, reasentados desde distintas ciudades de Costa Rica. Es su primera Navidad lejos de Nicaragua, en otro continente, a más de 8000 kilómetros de casa, y sin el tradicional relleno navideño en la mesa.

TL;DR
- Nicaraguan refugees in Spain are experiencing a second exile, separated from their homeland by over 8000 kilometers.
- The holiday season exacerbates feelings of loss, with refugees missing traditional foods like 'relleno navideño' and familiar celebrations.
- A group of 245 Nicaraguan refugees were resettled in Spain from Costa Rica in November, facing a new environment and emotional challenges.
- For many, the inability to cook traditional dishes in their Spanish accommodations highlights the stark contrast with their lives in Costa Rica.
- Despite finding physical safety, refugees grapple with nostalgia for their previous lives, support systems, and cultural familiarity.
- Some refugees in Barcelona are attempting to recreate traditional holiday meals to feel closer to home and cope with the cold.
- Elieth, a refugee, describes feeling vulnerable due to the cold and missing the familiar climate and festive decorations of previous Christmases.
- Adapting to cultural changes and smaller living spaces in Spain is a significant challenge for these resettled individuals.
Afuera del edificio de tres pisos hace frío. Es de noche en la Sierra de Madrid y el termómetro marca siete grados. Dentro, en una habitación de paredes blancas, Elieth, de 30 años, intenta calmar a su hijo pequeño, que llora sin parar.
—Esperá —dice.
Cuando vuelve a la pantalla del teléfono cuenta cómo pasó de una casa a una habitación. Y lo que más va a extrañar la noche del 24 de diciembre: el relleno navideño, un guiso tradicional de carne y verduras presente en miles de hogares de Nicaragua. Afuera, en España, es diciembre y hace frío.
Elieth es una exiliada nicaragüense que ya había vivido un primer exilio en Costa Rica. Llegó a ese país huyendo de la represión desatada a partir de 2018 por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo contra las voces disidentes. Aunque estaba fuera de Nicaragua, tenía la sensación de seguir cerca. Apenas 319 kilómetros de frontera separan a ambos países y esa distancia no impedía las visitas. Su padre y algunos amigos cruzaban durante los fines de semana para verla.
Este segundo exilio, en cambio, la ha golpeado de otra manera.
—Ahora sí estoy viviendo un duelo —dice.
Nicaragua quedó a más de 8000 kilómetros, al otro lado del Atlántico. Primero extrañó Nicaragua; ahora extraña Costa Rica.
—Se extraña todo. Extraño mi red de apoyo, extraño la comida. Para estas fechas —dice el 18 de diciembre— yo ya estaba comiendo relleno navideño.
En el refugio donde vive en España no tiene la libertad de cocinar los platos nicaragüenses que solía preparar en Costa Rica.
La vida de Elieth en el exilio se vuelve más desconcertante durante estas fiestas de fin de año. A la tristeza por el arraigo a una vida que ya no es, se suma la nostalgia por los olores y sabores con los que creció. Son ausencias pequeñas en apariencia, pero persistentes. La distancia las vuelve duelo y la pérdida, repetida y acumulada, termina por definir la experiencia del exilio. O, en este caso, de un segundo exilio.
Un total de 245 personas refugiadas nicaragüenses viven hoy un segundo exilio en España, tras haber sido reasentadas desde Costa Rica el pasado noviembre. Entre estas también está Mario, de 29 años y originario de Río San Juan. Dice que a veces desea regresar en el tiempo, a los años en que el 23 de diciembre se mataba un cerdo para preparar la comida del 24 y del 31.
—No me siento bien. Estas fechas me traen muchos recuerdos. Son miles de emociones las que siento —subraya.
La última Navidad que Mario pasó en Nicaragua fue en 2022. Aquella Nochebuena, la conversación con su familia giró en torno a su futuro profesional: estaba a solo un año de egresar como licenciado en Psicología. El exilio, sin embargo, quebró esa vida. En Costa Rica se vio obligado a dormir en el parque La Merced, en San José, un lugar que hoy considera su primer hogar. En España, en cambio, comparte apartamento con otros refugiados y, esta vez, pasa las fiestas con su pareja. Esa compañía atenúa la nostalgia, pero no del todo.
Como Elieth y Mario, los nicaragüenses reasentados en España atraviesan estas fiestas entre la certeza de haber llegado a salvo, y la nostalgia por lo que quedó atrás en Costa Rica. La comida se convierte en lenguaje: no por lo que hay en la mesa, sino por lo que falta. El relleno navideño y los rituales repetidos cada diciembre regresan como una memoria persistente de la vida interrumpida. En este segundo exilio, las mesas son otras, los platos distintos, pero el duelo, como el frío del invierno en España, permanece.
Al noreste de España, en Barcelona, un grupo de nicaragüenses ha decidido reunirse en la casa de un compatriota para celebrar la Navidad. Son exiliados, huérfanos de Nicaragua por la fuerza, que intentan hacer menos trágico este diciembre para quienes acaban de llegar. Costa Rica, geográfica y culturalmente, estaba cerca. España no.
Por estos días de diciembre, el apartamento de apenas 60 metros cuadrados está lleno de gente. En la cocina humean ollas con nacatamales y en el parlante suena Nicaragua, Nicaragüita, la canción de Carlos Mejía Godoy que hace que un cúmulo de emociones atraviese los cuerpos. Para Navidad, se organizaron para preparar relleno navideño, arroz y más nacatamales. La comida, dicen, les hace sentirse mentalmente más cerca del país que dejaron. Y por momentos, los abstrae del frío invernal del hemisferio norte.
A Elieth el frío le ha despertado el temor de que reaparezca el asma.
—Me hace sentir más vulnerable —cuenta.
Eso, y la comida, insiste, es probablemente lo que está marcando su primera Navidad en España.
—Parece tonto, pero también extraño el clima. El frío es desesperante.
Luego, en un tono más esperanzador, asegura que todavía es muy pronto para formarse una opinión concluyente sobre España y que el cambio cultural le tomará tiempo. Lo mismo que adaptarse a pasar de una casa con dos habitaciones, patio y garaje, a un apartamento en el que no tendrá la misma libertad que en Costa Rica.
En Nicaragua y Costa Rica solía decorar su casa con luces y adornos navideños. Esta vez, se describe a sí misma como El Grinch. Lo único que se ha animado a hacer es la novena a la Purísima en su habitación: sin música, sin gofios ni dulces. Solo con su fe.
La información que publicamos en DIVERGENTES proviene de fuentes contrastadas. Debido a la situación en la región, muchas veces, nos vemos obligados a protegerlas bajo seudónimo o anonimato. Desafortunadamente, algunos gobiernos de la región, con el régimen de Nicaragua a la cabeza, no ofrecen información o censuran a los medios independientes. Por ello, a pesar de solicitarlo, no podemos contar con versiones oficiales autorizadas. Recurrimos al análisis de datos, a las fuentes internas anónimas, o las limitadas informaciones de los medios oficialistas. Estas son las condiciones en las que ejercemos un oficio que, en muchos casos, nos cuesta la seguridad y la vida. Seguiremos informando.