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декабрь 25, 2025

Enfermos crónicos

Casi 100 000 personas padecen enfermedades reumáticas en Nicaragua. Sin especialistas y sin acceso a tratamiento, los enfermos sufren dolores que los paralizan. Guadalupe es una de ellas. Esta es su historia.

Enfermos crónicos

TL;DR

  • Chronic rheumatism, like rheumatoid arthritis, affects 97,381 Nicaraguans, leading to joint deformation and pain.
  • Nicaragua has a severe shortage of rheumatologists, with approximately one specialist per 640,000 people.
  • Guadalupe, a victim of the disease, experiences daily struggles with mobility and pain due to lack of diagnosis and treatment.
  • Self-medication with painkillers like tramadol is common due to the inaccessibility of specialized medical care.
  • Rheumatic diseases are a significant cause of disability in Nicaragua, compounded by poverty, lack of transportation, and limited healthcare access.

El reumatismo crónico es un problema que cambia el modo de vida de las personas que la padecen. DIVERGENTES | Tomada de el Blog grupociudadjardin.com para fines ilustrativos.

La artritis reumatoide es una de las enfermedades reumáticas crónicas que afectan a 97 381 nicaragüenses, según el Mapa de Salud del Ministerio de Salud (Minsa). Estas afectan poco a poco las articulaciones. Sin tratamiento, la inflamación deforma las rodillas y vuelve doloroso incluso caminar. En Nicaragua casi no hay especialistas, y miles de pacientes viven el deterioro sin diagnóstico.

A Guadalupe le comenzó “un dolorcito” leve hace cinco años. Al inicio era solo una molestia: una punzada en la tarde o una rigidez al amanecer. Nada fuera de lo normal para una mujer acostumbrada a trabajar en el campo. Pero con el tiempo, las rodillas empezaron a inflamarse, a ensancharse, a cambiar de forma. Se fueron deformando de manera lenta, hasta convertir cada paso en un esfuerzo mayor. Hoy, cuando se mira las piernas, dice que ya no reconoce sus rodillas. “Se me están torciendo”, comenta con resignación.

Hace años podía caminar largas distancias entre los cafetales y las plantaciones de plátano de las parcelas circundantes donde trabajaba. Ahora levantarse de una silla le exige tiempo y paciencia. En los días malos, ni siquiera puede salir al corredor de su casa de madera. En los días buenos, camina pequeñas distancias, cuidando cada movimiento para no sentir ese dolor que la detiene en seco.

Vive con su esposo, un hombre de 60 años enfermo que recibe diálisis y que tampoco puede trabajar. Él, dice, debería ser quien reciba cuidados, pero muchas veces es quien la ve tambalearse, tratando de darle apoyo sin tener fuerzas suficientes. Su casa, una estructura sencilla con piso de tierra y techo de zinc, parece demasiado grande cuando ninguno de los dos puede moverse con soltura. Uno depende del otro, sin que puedan asistirse.

La pareja sobrevive gracias a la ayuda que envían sus hijos desde fuera del país y al esfuerzo que ella hace cada viernes para vender lo poco que puede recolectar en su patio: cabezas de banano, racimos de plátano, naranjas dulces. Es su única fuente de ingreso, además de las remesas. La municipalidad le ha otorgado un pequeño puesto de ventas en los días de feria improvisada por las calles de Granada.

Caminar con dolor

Los viernes comienzan temprano. Guadalupe despierta con la esperanza de estar en uno de sus “días buenos”, porque si no puede caminar, pierde la venta y con ella la posibilidad de comprar alimentos o medicinas. Se toma una pastilla de tramadol, un fármaco para el dolor, y espera unos minutos para que haga efecto. Finalmente, el dolor se adormece.

Prepara la cesta con las frutas que venderá en la feria de Granada. Luego inicia la caminata hacia la carretera para esperar un bus. Un trayecto corto para otros es para ella una lucha. Avanza despacio, arrastrando los pies. A veces se detiene, respira profundo y continúa.

Cuando logra llegar al puesto de venta, se sienta en un banquito pequeño detrás de sus productos. Desde allí observa el movimiento de la feria: mujeres que venden queso, tamales, refrescos, yuca. Ella no puede moverse entre los puestos, ni acomodar mercancía rápidamente. Atiende desde su sitio. Si la venta va bien, vuelve con lo suficiente para comprar arroz, frijoles, queso y medicinas. Si va mal, regresa sin ganancias y con el cuerpo resentido por el esfuerzo.

Hay viernes en los que ni siquiera intenta ir a la feria. El dolor es tan intenso que no puede ponerse de pie. Entonces se queda en casa, mirando desde la puerta cómo la vida sigue sin ella. En esos días, la pobreza se vuelve más evidente. “Si no voy a la feria, no compro comida”, dice.

Guadalupe nunca ha ido al centro de salud. No porque no quiera, sino porque sabe que la caminata hasta allí sería imposible para sus piernas y tampoco serviría de mucho. Además, la idea de llegar solo para que le digan “tómese esto” o “vuelva después” la desanima. No la ha revisado un médico especialista. Nunca le han hecho una radiografía. Nunca ha recibido un diagnóstico formal. Su enfermedad ha avanzado en solitario, sin nombre técnico, sin tratamiento, sin supervisión.

Ausencia de reumatólogos

enfermedades reumatismo El reumatismo es una enfermedad que cuenta con pocos especialistas en Nicaragua para ser atendida. DIVERGENTES | Foto tomada del blog grupociudadjardin.com para fines ilustrativos.

Los datos del Minsa indican que el sistema de salud público apenas cuenta con 2 207 médicos especialistas, pero se desconocen cuántos son reumatólogos. De hecho, en el hospital de su departamento, el Amistad Japón, no existe un área de reumatología.

Médicos independientes apuntan que el acceso a la atención reumatológica especializada es extremadamente limitado, reflejando una escasez crítica de estos profesionales. Los datos más recientes disponibles (2022), indican que Nicaragua posee una de las tasas de reumatólogos por habitante más bajas de América Latina, aproximadamente un especialista por cada 640 000 personas.

El sistema de salud público estatal reporta solo 161 subespecialistas de todas las ramas para esa fecha, y la reumatología está centralizada en hospitales principales de Managua, como el Hospital Militar Escuela Dr. Alejandro Dávila Bolaños y el Hospital Manolo Morales Peralta. Esta situación subraya un desafío significativo para los pacientes que requieren tratamiento para enfermedades reumáticas crónicas.

Los expertos consultados también alertan que las enfermedades reumáticas suelen avanzar sin control en Nicaragua, porque se confunden con dolores propios de la edad. Sin estudios, sin evaluación clínica y sin acceso a especialistas, casi inexistentes en la atención primaria, el daño articular progresa hasta deformar las articulaciones, como ha ocurrido con Guadalupe. “Sin un diagnóstico temprano, el daño es irreversible”, dice un médico general.

Medicinas no pasan de la receta

El sistema público recomienda antiinflamatorios, fisioterapia y seguimiento médico. Pero para personas como Guadalupe, eso existe solo en el papel. En la práctica, la automedicación es la única opción. Compra pastillas tramadol y eventualmente se inyecta Dolo-Neurobión para contener el dolor y la inflamación. “Con eso aguanto”, dice, como si aguantar fuera suficiente para sobrevivir. Otras veces compra bálsamos naturales para el dolor.

La enfermedad reumática es una de las causas de discapacidad en Nicaragua. Los caminos de tierra, la falta de transporte público adecuado, la pobreza extrema y la ausencia de especialistas hacen que miles de personas vivan, como Guadalupe, atrapadas en cuerpos que se les van deformando.

Por la tarde, cuando el sol se oculta, esta mujer campesina intenta caminar unos metros más en el patio. Quiere barrer las hojas secas que caen de los árboles de mango y naranja. Toma la escoba, pero después de tres movimientos el dolor le sube por las piernas. Deja la escoba apoyada en un tronco y vuelve a sentarse. El vigor que la llevaba a recorrer largas distancias, cargar bultos y trabajar todo el día, quedó atrás.

En su casa, el tiempo pasa de forma extraña. Hay días en los que puede moverse con cierta normalidad. Y hay otros en los que ni siquiera puede cruzar de la cocina al cuarto. Y hay mañana en las que se pregunta: ¿podré caminar hoy o me quedaré atrapada en la cama?

Guadalupe sabe que su enfermedad seguirá avanzando. Que llegará un día en que ya no podrá ir a la feria, ni ayudar a su esposo enfermo, ni valerse por sí misma. Pero también es consciente que no tiene alternativa.

Mira el camino de tierra desde su casa. Al fondo, se ven unos cafetales. Recuerda que fue recolectora de café, que se echaba al hombro costales del grano. Son recuerdos que vienen a su mente en los días de soledad. Le consuela, sin embargo, que sigue yendo a vender frutas a la feria. El próximo viernes volverá a intentarlo. Cargará su canasta, tomará sus pastillas y caminará a su ritmo, despacio, con las rodillas inflamadas y deformadas. A eso se ha reducido su vida a los 58 años.

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En #Nicaragua, la #diabetes es la segunda enfermedad crónica más común. #centroamérica #salud