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январь 11, 2026
Jordi Bacaria, director de Foreign Affairs Latinoamérica: “Nicaragua puede caer fácilmente por sí sola”
El experto en relaciones internacionales analiza la transición tutelada en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, el papel de Delcy Rodríguez y por qué Washington no considera a Nicaragua una prioridad estratégica, pese a su alineamiento con Rusia

TL;DR
- The capture of Nicolás Maduro has triggered a controlled transition in Venezuela, aiming for stability and access to oil resources for the US.
- Nicaragua and Cuba are considered strategically less important to the US, with potential for self-induced decline.
- US interests in the region prioritize stability, resource control, and containment of Chinese and Russian influence.
- The Venezuelan transition, under Delcy Rodríguez, is seen as a recomposition of power rather than a democratization effort.
- The military's role and potential internal divisions within Chavismo are crucial factors in the transition.
- The US approach focuses on a 'secure transition' with economic stability, potentially sidelining democratic ideals and opposition concerns.
La captura de Nicolás Maduro reconfiguró el círculo de poder político en Venezuela, pero también dejó una realidad hasta ahora tranquilizadora para los regímenes aliados del chavismo en América Latina. Esa realidad es que no todos importan por igual en la ecuación de intereses de Estados Unidos. En Caracas ya se ensaya una transición controlada, diseñada para garantizar estabilidad y acceso a los recursos petroleros, mientras en Managua, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo observa con cautela, consciente de que Washington no tiene urgencia, ni incentivos claros para intervenir en Nicaragua.
Para Jordi Bacaria, experto en relaciones internacionales y director de Foreign Affairs Latinoamérica, la cautela de Managua no responde al temor de una intervención inminente, sino a la conciencia de su propia irrelevancia estratégica para Washington. Estados Unidos, sostiene, no busca exportar democracia, ni abrir frentes innecesarios.
Al contrario, busca asegurar estabilidad, controlar recursos clave y contener la influencia de China y Rusia. Desde esta lógica, advierte, tanto Cuba como Nicaragua podrían “caer fácilmente por sí solas”, sin que medie una acción directa de Estados Unidos, a medida que erosione su sostenibilidad económica y política.
Bacaria, exdirector del Centro de Estudios y Estudios Internacionales de Barcelona (CIDOB), considera que el nuevo escenario venezolano, marcado por una presidencia interina encabezada por Delcy Rodríguez y por la continuidad intacta del aparato represivo, no abre una etapa de democratización, sino una recomposición del poder bajo tutela externa. La oposición permanece relegada, sin capacidad real de incidir, y los derechos humanos han quedado fuera de las prioridades inmediatas de la Casa Blanca. En este contexto, Nicaragua y Cuba aparecen como piezas secundarias, y no como objetivos estratégicos.
¿Qué significa que Rodríguez asuma una presidencia interina tras la captura de Maduro: continuidad del régimen, transición controlada o recomposición del poder?
Es difícil de precisar porque las noticias cambian cada hora. Es una solución que ha impuesto Trump por una razón: quiere una transición con seguridad. Una transición con seguridad solo se puede dar si hay un consenso muy amplio para un cambio constitucional. Este consenso amplio difícilmente se puede dar cuando todo el aparato militar y miliciano del chavismo sigue en el poder. El interés de Trump y de Estados Unidos, como él dice, está en poder controlar los recursos petroleros de Venezuela, no tanto porque los necesite, sino para evitar que esos recursos sean utilizados por otras potencias como China y Rusia. Trump necesita seguridad de que la transición no sea violenta y por eso ha surgido la figura de Delcy como presidenta encargada, una figura establecida en la Constitución ante la ausencia de Maduro.
Si el núcleo duro está conformado por los hermanos Rodríguez, Padrino y Cabello, ¿cómo cree usted que se distribuirá el poder entre estas tres facciones del chavismo, un sistema que está pasando por una reconfiguración?
Lo más importante que estamos viendo es que hay una cierta tranquilidad social, pero sigue la represión. No sabemos el papel que puede jugar la oposición, que ganó las elecciones de julio de 2024. Evidentemente, la pelota está en el tejado del Gobierno de Venezuela. Las transiciones, desde mi experiencia española, no son rápidas, pero necesitan de un consenso muy amplio.
Usted habla de la importancia del consenso en una transición, pero lo que vemos a lo interno del chavismo es una Delcy dispuesta a dialogar con Washington, pero por otro lado vemos a Cabello en una actitud retadora, incluso hablando de traición…
El tema es que en toda transición, ni los perdedores pueden perder mucho, ni los ganadores pueden ganar todo: tienen que hacer algunas renuncias. Evidentemente, no se puede pasar del blanco al negro. Por tanto, sí hay unos radicales que pretenden que no haya transición, pero depende del control que puedan tener sobre el estamento militar, que es importante en el ámbito doméstico. El estamento militar venezolano ha fracasado en su defensa frente a la intervención de Estados Unidos y la captura de Maduro. No creo que los radicales opuestos a las reformas en Venezuela tengan la suficiente fuerza para imponerse. Tanto el poder tiene que evitar la represión, como la oposición tiene que evitar que haya un alzamiento popular que vaya en contra de la transición.
¿Constitucionalmente, Delcy tiene un mandato para gobernar tres meses y, llegado a ese punto, tendría que convocar a elecciones, pero Trump ha descartado un proceso electoral. ¿Cree usted que se puedan dar las elecciones?
Estas cosas son modificables. La desaparición de Maduro como presidente no es por causas naturales, ni una muerte, ni un asesinato. Es una captura. Lo que hace Delcy y su entorno tiene su lógica, así que caben prórrogas del mandato de la presidencia encargada. La convocatoria de elecciones se tendrá que hacer no porque lo diga Trump, sino porque en estas circunstancias son complicadas unas elecciones. Se tendrá que valorar si la caída de Maduro supone un avance o si el control de Estados Unidos supone un retroceso. Hay un consenso en la oposición: qué bien que cayó el dictador, pero qué mal si caen en manos de un protectorado estadounidense.
Estados Unidos hizo una exhibición de poder con la operación del sábado 3 de enero. ¿El régimen chavista está obligado a impulsar un cambio real o exponerse a que ocurra con algunos lo que ya pasó con Maduro?
A pesar de todas las bravatas de defensa de la patria, ha habido un fracaso de la defensa de Venezuela. No ha habido una respuesta militar y, en ese sentido, por la razón que sea, el Ejército no ha salido en defensa de Venezuela, y esto le da ventaja a Trump. La única posibilidad que tiene Delcy de enfrentarse a Trump es que tenga un aparato que le dé mucho apoyo o que tenga una capacidad de defensa. Es obvio que no es fácil mantenerse tras un primer fracaso de la defensa de Venezuela. Estados Unidos puede permanecer en el Caribe mientras no se descomponga otra parte de la geopolítica del planeta, lo que puede pasar con China o Rusia.
Hasta el último momento los militares han mostrado lealtad a Maduro y al chavismo. ¿Qué incentivos tendría el estamento militar para apoyar una salida negociada?
El estamento militar depende de los niveles. Siempre hay un alto mando que es el que generalmente se beneficia más de este modelo, en el cual los militares, siguiendo el modelo cubano, reciben beneficios por estar en el poder. Si los militares perciben que las consecuencias de su posición no reformista les representan costos elevados, no se van a oponer; podrían ceder y recibir menos beneficios. Hasta ahora, no ha habido problema porque el Ejército y la milicia se imponían sobre las clases populares y los opositores. Ahora se encuentran con un enemigo que es más fuerte: una potencia imperial que les pone condiciones. La clave está en cómo se cede sin perder, en el caso de los militares.
¿Qué imagen tiene usted de los hermanos Rodríguez, ahora en el epicentro del poder? De Delcy dicen que es una mujer pragmática, aunque viene de una formación de izquierda muy profunda; restableció relaciones con empresarios y negoció con empresas petroleras estadounidenses.
La imagen que hemos tenido siempre no era muy buena. Son personas con inteligencia, en comparación con Maduro. Maduro no tenía comportamiento de líder. Los hermanos Rodríguez no solo son pragmáticos, sino que forman parte de la conspiración. La caída de Maduro no se entiende sin alguna licencia por parte de Delcy con Estados Unidos. Alguien ha tenido que facilitar ese tipo de salida de Maduro, una salida que beneficia a Delcy. Sería incongruente que ella y su hermano no tuvieran el pragmatismo para hacer frente a esta petición de Estados Unidos. El pragmatismo de Delcy podría explicar la caída de Maduro. En clave interna, sería una traición.
Trump ha exhibido un espectáculo imperial, pero la pregunta es cuánto puede hacer Estados Unidos en Venezuela…
Estados Unidos puede hacer con Venezuela y con América Latina en general lo que no ha hecho en las últimas décadas. Por ejemplo, Estados Unidos ha salido del sector financiero latinoamericano, donde han entrado bancos españoles y europeos. Lo que pretende Estados Unidos es revertir la influencia china y rusa en América Latina. Puede invertir, modernizar el sector petrolero e invitar a que entren otros actores. Estoy seguro de que va a invertir. ¿Podría hacer mucho más? Sí, pero lo que va a tratar es de satisfacer a las compañías petroleras estadounidenses. Lo que le interesa no es tanto hacerlo Estados Unidos, sino evitar que lo hagan otros.
Por lo que dice Trump, la democracia y la situación de los derechos humanos quedan en un segundo plano…
O no quedan en ningún plano. ¿Qué ha hecho Trump por la democracia en Estados Unidos? No ha hecho nada. Ha intentado controlar la Reserva Federal, amnistiar a los que asaltaron el Capitolio (el 6 de enero de 2021). Lo que ha hecho no tiene nada que ver con la democracia en Estados Unidos; es todo lo contrario. ¿Va a hacer algo por la democracia en Venezuela? No, ni en Venezuela ni en ninguna parte del mundo. Trump no es un demócrata.
Desde el exilio, ¿qué margen tiene la oposición para incidir en una transición y donde el aparato represivo sigue intacto dentro de Venezuela?
La clave está en este posible pragmatismo de Delcy para buscar una solución constitucional de transición. Una transición segura para Trump, no para nadie. Es la estabilidad económica. Lo que hace crecer a los países no es tanto si son una democracia o una dictadura, sino la estabilidad política y la seguridad económica. Es lamentable, claro. En la medida en que la economía de Venezuela sea capaz de generar crecimiento y redistribución, hay estabilidad política. Lo que se pretende para esta transición es tener una oposición, no hablemos de nombres. A lo mejor Machado y González tienen que dar un paso al lado en función de evitar el conflicto y permitir una vía intermedia, pero no puede ser inmediato porque el aparato sigue intacto.
Pero Venezuela podría convertirse en un protectorado estadounidense con liderazgo chavista, ¿no?
Así es. Es muy sintomático: la libertad de Edmundo tuvo que negociarse para que saliera al exilio, pero curiosamente el Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado ha permitido que fuera extraída de Venezuela. Y no está allí: casualidad o no. La extracción fue con la complicidad de Estados Unidos.
¿Y ella qué puede hacer, si goza de un respaldo popular y un liderazgo simbólico?
Simplemente agitar la bandera de la oposición desde el exterior. Si se quiere hacer la transición, lo que no se puede permitir es que haya exiliados; por tanto, el primer paso es que no hubiese presos ni exiliados políticos.
Usted plantea algunos puntos relevantes para una transición, como el regreso de exiliados y la liberación de presos políticos, pero ni Rubio ni Trump han hecho alusión a estos temas…
Siguiendo el esquema de Trump de transición segura, no quiere inquietudes que puedan perturbarla. Si le das peso a la oposición, estás dándole argumentos al Gobierno actual para que tenga una posición más dura, más enfrentada. No quieren tormentas, y una de las tormentas puede venir de la oposición. Si Estados Unidos no ve claro que hay una oposición capaz de aglutinarse, lo que les interesa es la transición segura. No les importa el tema de la democracia ni la oposición. La oposición solo puede entrar en escena en el momento en que consideren que puede haber una transición segura con la oposición. Si en este momento apartan a Machado, no significa que no la tengan en cuenta en sus cálculos.
Muchos comparan lo de Venezuela con lo que pasó en Irak y Afganistán. ¿Tiene sentido hacer comparaciones si partimos de que son regiones y contextos diferentes?
Es más comparable con Irak, porque se intentó impulsar una democracia en un entorno donde había muchos conflictos internos. No es comparable en el sentido social ni religioso, pero sí lo es en el intento de imponer una democracia desde fuera cuando no hay posibilidades de un acuerdo interno.
¿Sería más parecido a lo que ocurrió en Panamá, no?
Sí, pero Panamá era pequeño y controlable desde el Ejército de Estados Unidos. Venezuela no. En el caso de Afganistán, fue imposible vencer al talibán y Estados Unidos salió como salió Rusia. El caso de Irak fracasó porque no había condiciones, y esa es la lección que aprendió Estados Unidos de estas situaciones. En su diseño no hay un modelo democrático: es simplemente mantener la calma y dar seguridad a las empresas que van a invertir.
En Managua respondieron con mucha cautela a la intervención. ¿Cómo impacta lo que ocurrió en Venezuela en Nicaragua y Cuba? ¿Hay razones para que se sientan amenazadas?
Son prudentes porque no quieren enfadar al ogro. Pero Estados Unidos no tiene ningún interés en Nicaragua; le importa poco si hay democracia o no. No tiene nada que sacar. El caso de Cuba es diferente. Económicamente no es comparable con Venezuela, pero es una espina clavada en el corazón de Estados Unidos. Simplemente, Estados Unidos puede esperar a que caigan.
Trump intenta recuperar su influencia en América Latina y en Nicaragua hay presencia militar rusa que de pronto podría incomodar a la Casa Blanca…
De momento, Estados Unidos no considera que sea un riesgo. El riesgo para Estados Unidos no son las bases militares; lo que no quiere es que haya un control de los recursos importantes de América Latina. Lo que se disputa es la geopolítica de la energía. Las bases rusas no perturban la seguridad de Estados Unidos y, en el momento en que quieran, se pueden sacar. Estamos hablando de esferas de influencia, y Estados Unidos, China y Rusia acabarán limitándose. Nicaragua no perturba la seguridad de Estados Unidos. No hay recursos que les permitan desear estas piezas. Pueden esperar a que caiga sola. Cuando cae la pieza principal, que es Venezuela, las demás pueden caer fácilmente.
¿Y cómo quedan las relaciones entre Caracas, Managua y La Habana?
El bloqueo que ha puesto Estados Unidos en el Caribe limita las posibilidades de Cuba y Nicaragua, que son los que reciben ese tipo de beneficios del petróleo. En este pragmatismo de Delcy, no creo que tenga que enfrentarse a Estados Unidos por apoyar a estos países.
¿Y algún tipo de presión comercial, como la expulsión del tratado de libre comercio con Estados Unidos, que podría impactar en la economía?
Insisto: cuando cae la pieza principal, los satélites acaban cayendo o buscan otros apoyos que difícilmente pueden tener. China no va a entrar en conflicto con Estados Unidos por Nicaragua o por Cuba. No se ha enfrentado ni por Venezuela. Puede que sigan existiendo acuerdos comerciales hasta que no puedan aguantar más. Un acuerdo de libre comercio o de cooperación no soluciona mucho. Si buscan un acuerdo con China y Rusia, deben tener capacidad de comerciar: no se puede sacar nada de ese comercio si no se puede exportar.
Por último, ¿la migración nicaragüense y cubana, de la que se queja Estados Unidos, no podría ser un problema?
Con la política migratoria de Estados Unidos, poco pueden hacer las salidas desde Cuba y Nicaragua. No favorece los flujos migratorios.
*Esta entrevista se realizó el 7 de enero, un día antes de que el Gobierno de Venezuela anunciara la excarcelación masiva de prisioneros políticos.