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январь 20, 2026

Nicaragua: ¿un protectorado?

Alfonso Malespín 20 de enero 2026

Nicaragua: ¿un protectorado?

TL;DR

  • Donald Trump's takeover of Venezuela is seen as a model for potential foreign intervention in Nicaragua, prioritizing stability over democracy.
  • The Nicaraguan opposition is criticized for lacking leadership and a clear plan for democratic transition.
  • The article urges Nicaraguan opposition to learn from Venezuela's situation and develop proactive strategies.
  • Key areas for opposition focus include exposing regime failings, planning for institutional and economic transition, and designing legal and political reforms.
  • Nicaraguan political class is accused of habitually relying on external help, hindering self-determination.

Luego [del golpe militar a la principal cabeza del chavismo], el presidente Donald Trump anunció que él estará a cargo de Venezuela hasta nuevo aviso. Tal anuncio desinfló la alegría de los venezolanos que pensaban ya había comenzado la transición a la democracia en ese país marcado por una horrible dictadura de más de un cuarto de siglo de duración.

La lógica de Trump es que es mejor colonizar a Venezuela –como hacen ciertos organismos con algunos insectos– hasta que él considere que ha llegado, si es que llega, el momento de la transición.

¿Qué tiene esto que ver con Nicaragua?

Mucho.

Trump le está indicando a los opositores de Nicaragua que una hipotética intervención de cualquier tipo en Managua podría llegar a descabezar el orteguismo, pero va a privilegiar al factor de estabilidad que responda a sus órdenes y le garantice sus intereses en el país y la región.

¿Cuál es ese factor de estabilidad? Una amiga que fue militar me lo dijo: el Ejército de Nicaragua.

De ser así, el principal sospechoso con quien tienen que lidiar Rosario Murillo y sus crías, en su afán de llegar a ser la nueva dinastía del país, son Julio César Avilés y la alta oficialía militar. ¿Le serán fieles o le darán el trato Maduro, si llegara un golpe gringo?

¿Cuál sería el incentivo para que el Ejército sea el eventual zombi de los gringos? Sus intereses empresariales y sus carteras. Avilés y compañía tienen mucho que cuidar. Sin esos millones sus fortunas institucionales, empresariales y personales se verían disminuidas enormemente. ¿De dónde cree usted que salen esos caballos que cuestan miles de dólares cada uno, y que lucen en los desfiles de las fiestas patronales?

Pero fuese o no alguien del Ejército quien llegara a hacer el rol de Delcy Rodríguez en una Nicaragua sin Ortega ni Murillo, lo cierto es que el país no tiene una María Corina Machado ni un Vente Venezuela. Es un contexto vaciado de liderazgo opositor y de fuerzas políticas de oposición. En Nicaragua solo quedan la burocracia represora del FSLN y los zancudos del órgano legislativo.

¿Qué van a hacer los opositores que están afuera, actualmente sin incidencia al interior del país?

Tienen que verse en el espejo de María Corina Machado. Ya vimos que no vale haber ganado una elección contra todo pronóstico ni ser Premio Nóbel de la Paz. Vimos que Trump solo esperaba a que ella saliera del país con rumbo a Noruega para cogerse el mandado. El Imperio lo ha dejado diáfanamente claro: tiene otros intereses, que no priorizan la democracia ni los derechos humanos.

Si no lo han hecho esas doscientas y pico de organizaciones que se dicen opositoras, a estas alturas deberían de estar armando un plan de acción y formando un grupo operativo –¿se acuerdan de Los Doce?– que se disponga a gestionar la transición hacia la democracia. Si no lo hacen, harán bien en quedarse en donde están ahora.

Tal plan debería comenzar por exponer de manera reiterada las falencias del régimen, sobre todo las que afectan la vida cotidiana de la ciudadanía de Nicaragua: los servicios de salud y educación, el acceso a alimentos y las oportunidades laborales. Ahí tienen a Enrique Sáenz y otros jóvenes talentosos, quienes pueden ofrecerles muchas pistas y perlas. Sobre todo, cómo le harían ellos para resolver esas cuestiones.

La historia enseña que los dictadores caen cuando dejan de entender el lenguaje del pueblo. En Nicaragua eso ya se dio en 2018. Con el agravante que la oposición tampoco lo entendió. ¿No es hora de que se pongan a reflexionar sobre esto?

En segundo lugar, deberían de exponerle a la ciudadanía lecturas de las cosas que dicen y hacen los funcionarios del régimen, pero sobre todo las que no hacen o hacen mal. Tal lectura debe abandonar el estribillo de que Ortega y Murillo están atemorizados. No es esa la línea. Si algo aterroriza a estos señores es saber cuál podría ser la suerte de su prole, que se ha convertido en millonaria entre 2007 y la fecha. ¿Esa prole también podría ser convertida en zombis?

Recuerden que la propaganda del régimen reitera que hacen instalaciones deportivas, carreteras y puentes. ¿Cuál es la respuesta al pan y circo, que toque las fibras más sensibles de la gente que va a ver los eventos deportivos, musicales y demás?

A la vez, debería de haber un grupo de incidencia, que vaya del timbo al tambo para que Nicaragua se mantenga en la mente de los tomadores de decisiones. El mundo puede ser muy amplio y Nicaragua es muy pequeñita. Aparte de exponer la situación, este grupo debería de mover mensajes sobre lo que esperan de la comunidad internacional, más allá de la solidaridad política y moral.

Un cuarto grupo debería de armar la transición de las instituciones y la economía del país, para evitar desestabilizar las cuentas nacionales. Este grupo debería de pensar en cómo optimizar el trabajo del sector público y reconstruir las relaciones con el sector privado local y externo. Los empresarios que actualmente ganan millones con Ortega y Murillo deben tener claro que una transición no les saldrá peor que el cáncer en que ahora viven.

La quinta fuerza de tarea debería de diseñar la transición jurídica y política del país. Se debe erradicar en el menor plazo posible las ilegalidades convertidas en leyes nefastas y la enorme corrupción que mantiene a Nicaragua como uno de los peores casos en el continente. Además, debe incentivar el retorno de la diáspora, sobre todo la de la fuerza de trabajo expulsada en estos años.

Un trabajo como el mencionado debería de contar con apoyos diversos del abanico más grande de países que sea posible entusiasmar, y dejar de esperar a que burócratas de los Estados Unidos hagan las cosas por ellos. No hacerlo evitaría que se unan a su movimiento, muchos nicaragüenses que resienten el intervencionismo grosero de los Estados Unidos.

El problema es que, como decía el doctor Emilio Álvarez Montalván, la clase política de Nicaragua siempre espera que alguien de afuera le saque las castañas del fuego. Y por eso siempre nos ha ido mal. Por eso es que Ortega siempre repite el cuento de William Walker, mientras que oculta la intervención militar de soviéticos, rusos, cubanos, iraníes; y la comercial y cultural de los chinos.

¿Será posible que los Maradiaga, Chamorro y otros corten su cordón umbilical con Washington?

Algunos no lo creen.

A mí me gustaría albergar la esperanza de que lo de Venezuela finalmente hará que se abandone el postureo, se piense y se actúe por la Nicaragua que aún no nace.

Ya veremos.

Si no, podrían convertirnos en otro protectorado.